COVID-19

8 minutos de lectura

Leer se está convirtiendo en el primer hábito al despertarse más común de la humanidad conectada a la red. Abrir los ojos y coger el móvil de la mesita de noche para ver las últimas noticias sobre la situación del coronavirus. El deseo de que la campana de Gauss se complete y veamos que su perfil es igual al de la boa que se comió al elefante del Principito de Saint Exupéry es uno de nuestros sueños conscientes más anhelados. Aún faltan algunas semanas para que la campana toque su fin. Pero mientras tanto; libros, series y pelis, por ejemplo.

Hoy queremos recordar algunos de los oficios que requieren un confinamiento. Una manera de ganarse la vida en la soledad más concurrida –como decía el gran Benedetti– o en compañía de un equipo de trabajo con el que quizás no haya nada en común salvo vocación o necesidad.

El farero, un cíclope a punto de jubilarse

Pese a ser un oficio en extinción, el farero sigue siendo un icono para la inspiración literaria y cinematográfica. La soledad del vigilante nocturno del mar ha sido el leit motiv de un romanticismo inspirado en leyendas repletas de tormentas, naufragios y extraños visitantes. Os recomendamos la película La luz entre los océanos, dirigida por Derek Cianfrance y basada en la novela homónima de M. L. Stedman. Una historia que pone a prueba la convivencia de una pareja confinada y sus limitaciones para formar una familia e integrarse en su pequeño contexto social.

Plataforma petrolífera, una isla de ocio y acero

Quizás al pensar en una plataforma de petróleo se nos vaya la cabeza a Escocia y rememoremos el traumático romance entre Bless y Jan en Rompiendo las olas, dirigida por el genio del dogma, el cineasta Lars Von Trier. Una vida en alta mar precaria y oxidada, etílica y desquiciante. Hoy en día, trabajar confinado en una isla de acero se ha convertido en una opción de ahorro y experiencia para un sector laboral muy peculiar. Un reto de resistencia y soledad en alta mar a prueba de olas.

El Astronauta y su playlist interestelar

Sobre astronautas está ya casi todo filmado y escrito. 2001 odisea en el espacio, dirigida por Stanley Kubrick, quizás sea la cinta que mejor refleja la idea que tenemos de la vida del astronauta. Aislarse a bordo de una nave espacial, entrar en la oscuridad más luminosa y observar la pequeñez del mundo que nos aterra o enamora debe de ser la terapia vital más esclarecedora. Y si va acompañada de buena música, ni un retiro tibetano logra el hallazgo de uno mismo con mayor precisión. ¿Sabíais que la música de Los Beatles, Pink Floyd, Simon & Garfunkel o The Moody Blues es la más escuchada en el espacio? Y por supuesto, Fly me to the moon del gran Sinatra.

El ermitaño, una opción en la mente de la multitud

A quién no se le ha ocurrido más de una vez abandonarlo todo y marcharse al lugar más recóndito de la tierra. Vivir a lo Robison Crusoe, con lo indispensable, ponerle un tapón al rastro que dejan nuestros movimientos de visa y de impuestos, y escaparnos de la geolocalización. El escritor y periodista Michael Finkel nos cuenta esta historia, basada en hechos reales, en su aplaudida novela El extraño del bosque. El protagonista, Christopher Knight, huye de una vida convencional en Massachussetts y se escapa a las montañas de Maine a vivir en una tienda de campaña durante casi tres décadas. ¿Por qué lo hizo y por qué resistió tantos años? La clave de su auto confinamiento forestal está en la narración final armada con la correspondencia y entrevistas que Finkel tuvo la oportunidad de recopilar.

¿Cuál fue la repercusión social del extraño del bosque?

«Se grabaron cinco canciones: «We Don’t Know the North Pond Hermit», «The Hermit of North Pond», «The North Pond Hermit», «A Hermit’s Voice» y «North Pond Hermit». Una mítica casa de comidas de Maine ofertaba un bocadillo de roast beef, pastrami y aros de cebolla que, según la publicidad, contenía «solo productos robados en la ciudad». Un artista neerlandés creó una serie de óleos basada en la historia de Knight y la expuso en una galería en Alemania.»

¿A qué dedicó el caballero del bosque el tiempo libre?

«A Knight claramente le encantaba leer. Según los informes, robó un montón de novelas de espías y de ciencia ficción, y bestsellers e incluso novela romántica de Harlequin; lo que pudiera encontrar en las cabañas de North Pond. A una persona le desapareció un libro de texto de economía, un tomo académico de la Segunda Guerra Mundial y el Ulises de Joyce. Durante su arresto, Knight dejó caer su admiración por el Robinson Crusoe de Daniel Defoe … Además, la historia es ficción. Maeghan Maloney, la fiscal del distrito, dijo que Knight estaba leyendo Los viajes de Gulliver en la cárcel.» Nos quedamos con esta cita de Sócrates que abre el libro: «¡Cuántas cosas hay que no necesito!», que no son libros…

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