/

NO TE VA A QUERER TODO EL MUNDO – ISABEL COIXET

12 minutos de lectura
NO TE VA A QUERER TODO EL MUNDO - ISABEL COIXET
ISABEL COIXET

Review

Parametro 1
7/10
Parametro 2
8/10
Parametro 3
5/10
Parametro 4
9/10
Parametro 5
10/10
Overall
7.8/10

Entrevista ficcionada a Isabel Coixet y otras sinergias

Si el poeta checo Rilke fue una revelación en la búsqueda de la identidad de Marina Abramovic, el poeta francés Rimbaud supuso un alumbramiento en la adolescencia de Isabel Coixet. Quizás la cineasta proyectara su universo particular sobre las páginas de Una estación en el infierno y encajara sus pensamientos entre los versos del poeta simbolista, a modo de superposición de planos. Esa simbiosis entre imagen y lenguaje pudo ser el germen de su vocación e identidad. La poesía es para los que arriesgan esa identidad que la sociedad les va construyendo con parámetros manidos y obsoletos. La poesía sentida como ese no-lugar al que van a parar los que no se someten a los límites del lenguaje. Los que no se conforman con el significado que le dan los demagogos y sus secuaces, o simplemente la representación literal de la realidad.

Y sobre esto trata todo el pensamiento de Isabel Coixet: de la lucha por elegir el colorido de su identidad, aunque chirríe o parezca abigarrado.

Si Isabel Coixet fuera un cuadro, sería «La verdad saliendo del pozo» de Édouard Debat-Ponsan (1898). No la verdad en términos absolutos – no nos pongamos filosóficos – , sino su verdad, la que ella misma se ha ido construyendo desde que Rimbaud la acompañara en sus paseos por el infierno. El infierno, un lugar que la realizadora confiesa transitar a menudo desde que sufriera bullying en el patio del colegio hasta el boicot al que se suele enfrentar en nuestros días por expresar su opinión. Ya anticipa el título No te va a querer todo el mundo (Malpaso) el argumento del libro, que es una recopilación de artículos publicados en El País, El Periódico de Catalunya y Crónica global en los últimos cuatro años.

La lectura de No te va a querer todo el mundo logra crear una atmósfera de diálogo irresistible entre la autora y el lector. Cada uno de los artículos es una experiencia comunicativa. Empatía, solidaridad, enojo, discrepancia, admiración… e incluso surgirán otras emociones más viscerales según predisposición y prejuicios lectores. Es difícil escaparse de manifestar alguna reacción porque Isabel Coixet habla de lo que nos importa. Habla de la sociedad, de la soledad, del esfuerzo, de los sueños, del amor, de la amistad, de la política, de la ecología, de las reivindicaciones, de lo que duele y perjudica. En definitiva, habla de ella, pero está hablando también de nosotros. Y así ocurre que el lector se queda hablando con Coixet entre líneas sin que ella pueda escucharle. De ahí que evoquemos una entrevista ficcionada cuyas respuestas se encuentran en este libro editado por Malpaso. Es algo así como intentar bailar con Gene Kelly en Un americano en París sin pisarle los pies.

Cosas que nunca te dije, Isabel Coixet

Así como tú un día te levantas con la música de Father John Misty y recuerdas el marcador de corazones rotos de tu vida, casi siempre en positivo a tu favor, y se te viene encima toda tu vulnerabilidad remota. Así como piensas que las letras de Father John Misty te hablan a ti, así en cada una de tus películas hay escenas que podríamos doblar con nuestra voz. Tú no nos ves, no nos oyes, pero aquí estamos dialogando contigo. El mundo al revés, tú nos haces las respuestas y nosotros te damos las preguntas.

Trailer de la película La librería (2017)

Comenzando por el primer latido que da la vida, una de tus máximas es que hay que vivir de una manera auténtica pese a no ser fácil, porque requiere esfuerzo físico e intelectual. Y agallas… ¿y cómo se hace eso? ¿Filosofía o libros de autoayuda?

– A veces parece que la única diferencia entre estos es que los autores de los libros de autoayuda salen sonrientes en la foto de contraportada, mientras que los filósofos salen invariablemente serios. No existen fórmulas mágicas, ni atajos, ni secretos absurdos ni reglas… En estos tiempos de la posverdad hay que recordad quiénes somos y de dónde venimos. Solo así sabremos a dónde vamos. Aunque sea a ninguna parte.

Ergo, filosofía y buenos libros… Y agallas, como las que le echa Florence Green al llegar a Hardborough a cumplir su sueño de abrir una librería en la película que te inspiró la novela homónima La librería de la novelista inglesa Penelope Fitzgerald. Y que, por cierto, es víctima de una campaña de bullying orquestada por Violet Gamart, la influencer con más ínfulas del pequeño pueblo costero.

Escena de Cosas que nunca te dije (1996)

A propósito de bullying, una vez propusiste una vez lucir pijama y zapatillas en la alfombra roja de los Premios Goya en vez de sufrir envueltas en vestidos largos de diez mil euros con tacones imposibles. No funcionó, ¿crees que se puede vencer el acoso y la desigualdad de género mientras Wonder woman siga liderando la causa?

 

– Si de verdad queremos un mundo más humano y menos raro, dejémonos de empoderamientos y boludeces y contémosles a las niñas y a las mujeres, que no se hayan enterado, que las mujeres maravilla del mundo no tienen superpoderes ni corsés ni muslos de ensueño. Tienen estrías, ojeras, arrugas, lorzas… Son tontas, listas, divertidas, aburridas, solemnes, mezquinas, generosas, hilarantes. Son profundamente imperfectas.

 

Luego… menos Wonder Woman y más mujeres como Ann, protagonista de tu película Cosas que nunca te dije, con el coraje de ponerse ante la cámara, con el corazón hecho papilla escurriéndose por el pecho, y mostrarse frágil, derrotada y terriblemente humana. Con sus fobias y filias más mundanas, capaz de salir en mitad de la noche en busca su helado insustituible, chocolate chip, y de no ceder a la tentación de un capuccino commotion cuando el suyo está agotado en el super. Interesante paralelismo emocional entre la ausencia de amor y la falta de stock del helado favorito, ¿no crees?

Escena de la película La vida secreta de las palabras (2005)

«No quiero prenderle fuego al mundo, lo único que quiero es encender una llama en tu corazón», cantaste una vez en una rueda de prensa emulando al grupo The Ink Spots. Un tema que confiesas te ha acompañado durante toda tu vida. A veces logras prender la llama haciendo chocar reiteradamente dos piedras –la persistencia es uno de tus puntos fuertes– y otras te basta soplar para avivar las llamas. Lo cierto es que siempre hay fuego en todo lo que haces, en cada una de tus creaciones hay una hoguera, y después, las brasas siguen humeando bajo la niebla. Eres como una sacerdotisa vestal encargada de mantener vivo el fuego sagrado de la creación y del amor. ¿No te asustan las tormentas?

– Tocar el corazón de alguien, conmoverle (aunque sea por unos instantes), devolverle una mirada del universo desde otros ojos es todo a lo que aspiro… El ansia de conectar con el otro es lo que me ha empujado toda mi vida en todos los ámbitos. Conectar es lo único que me separa de la soledad y la niebla. Y conectar es algo que no se puede forzar. Como al amistad o el amor… Encender o apagar esas llamas y que permanezcan grabadas en nuestro corazón, incluso cuando estén apagadas, solo depende de todos y cada uno de nosotros.

«Aprenderé a nadar», responde Josef a Hannah, en La vida secreta de las palabras –que se ganó todos los premios y devociones del público–, cuando ella le advierte del peligro de las compuertas de su llanto que todo lo inunda (en plan poema de Benedetti). Y si la hoguera se anegara en agua y no pudieras encender más fuegos, tú crearías corrientes de agua para seguir conectándote a nuestro corazón.

No te va a querer todo el mundo, pero después de leer este libro, sí un poco más…

Libros relacionados

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Lo último de Blog

COVID-19

Leer se está convirtiendo en el primer hábito al despertarse más común de la humanidad conectada

NASA

Estas son las memorias que debería tener todo cinéfilo. Los cuatro magníficos de Malpaso: Navegación Historia