Todos los jóvenes tristes – F. Scott Fitzgerald

7 minutos de lectura

Review

Novela norteamericana
9/10
Glamour
9/10
Estilo narrativo
9/10
Narrativa contemporánea
9/10
Edición
9,5/10
Overall
9.0/10

Todos los jóvenes tristes – F. Scott Fitzgerald

Todos los jóvenes tristesF. Scott Fitzgerald, nueve relatos de intenso trasfondo autobiográfico, narrados con su humor y acidez particular, que descubren la cara menos cool de los nuevos ricos estadounidenses de la década de los veinte.

Descubre Todos los jóvenes tristes, de F. Scott Fitzgerald

Valoración usuarios:
4.5/5

La conquista de los frágiles

F. Scott Fitzgerald parece no tener suficiente con hacer encaje de bolillos para poder llegar a fin de mes. Es más, se reinventó a sí mismo usando esa precariedad económica como leit motiv en la mayor parte de su obra. Y dio en el clavo, porque gracias a su obsesión por retratar la sociedad de jóvenes ricos de hace un siglo hizo de su necesidad su virtud. ¿Terapia psicológica, resquemor, venganza contra una high society que nunca lo aceptó? El autor de El gran Gastby continúa su misión de retratar a los grandes trepas y oportunistas de su generación con su gran angular literario. Una sociedad de jóvenes consentidos a los que se les presupone la gran misión de ser pioneros de un nuevo futuro diseñado en Yale y Wall Street. Y sin embargo, más allá del brillo nocturno en clubes de Palm Beach también recogió en Todos los jóvenes tristes un catálogo de tristezas emocionales, vacío existencial, desequilibrio psíquico y corazones derrotados. Perfiles de una generación frágil, un patrón anímico de conductas repetidas hasta nuestros días que también encontramos –aunque desde el punto de vista opuesto– en El árbol del diablo de Jerzy Kosinski.

La generación perdida en una fiesta

Puede ser cierto que los estragos de la I Guerra Mundial en la mente de las jóvenes promesas encargadas de la reconstrucción de una sociedad hecha papilla potenciaran el carácter impulsivo de una generación que creyó que el conflicto bélico conllevaba la destrucción de toda la estructura rígida de sus antiguos valores. Se instauraba la época del carpe diem, surgieron ejércitos de bon vivants cuyo armamento se basó en el reto a la eternidad. Fiestas, amores efímeros, irresponsabilidad, desenfreno y lucha por la estética y el glamour en un mundo que podría desaparecer en cualquier momento. E. Hemingway, Gertrude Stein, John Steinbeck, William Faulkner, T. S. Eliot, Ezra Pound o Sylvia Beach sirvieron de brújula a una sociedad desnortada cuyo lema parecía ser el de perderse en todos los saraos. «Esa enorme clase de estadounidenses que deambulaba por Europa todos los veranos mostrando un desdén bastante patético y melancólico hacia las costumbres, tradiciones y pasatiempos de otros países cuando son ellos quienes carecen de costumbres, tradiciones y pasatiempos propios». No obstante, ya que París era una fiesta, que les pillara la foto con un whisky entre las manos o en los brazos de una flapper sin intención de compromiso matrimonial. Porque suave era la noche repleta de jóvenes hermosos y malditos y sin embargo, triste era su huida hacia la autodestrucción.

Héroes de cartón

Que Fitzgerald tenía algo en contra de la casta ya lo sabemos por su imposibilidad de traspasar el hall de la upper class. Merece la pena detenerse en la introducción de Todos los jóvenes tristes; un artículo publicado en The Saturday Evening Post, en 1924, donde el autor cuenta, con destacado humor y sin prejuicios ni vergüenza, cómo vivir con 36.000$ al año. Insuficientes para el ascenso social de un self-made man. Sin embargo, en sus relatos trasciende también un resquemor aún mayor por todos aquellos que pretendían traspasar el umbral que los aguardaba con reticencias en los salones. Así lo resalta en cuentos donde destaca el perfil paria de maridos asfixiados por las exigencias esnobistas de sus esposas, en otros donde describe la frustración de un enamorado de la niña rica que lo desdeña o en aquel que ridiculiza el hartazgo de la ama de casa con niñeras a tutiplén que quiere encontrar su propio camino previo a la tragedia que la devolverá a la casilla de salida. Relatos conmovedores, repletos de ironía, sarcasmo y tragedias asumidas en un juego de espejos donde el lector comprobará que el tiempo transcurre sin que haya nada que modifique esa tendencia del ser humano a tropezar incansablemente con las mismas piedras.

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